
Revisando los albums que tuvieron una trascendencia suprema en el desarrollo de la persona que soy hoy, llegan a mi cabeza dos nombres: Kraken y Acido Argentino. Muy seguramente estos no serán los trabajos que aparezcan en todas las listas de grandes discos y de seguro para el mundo anglo estos ni siquiera existen; pero en mi vida son absolutamente claves. Hoy solo voy a hablar del “Acido Argentino” de la agrupación Hermética.
Al momento de hacer una lista de los mejores trabajos en la historia del rock, teniendo en cuenta para ello la calidad compositiva, interpretativa, las letras, la produccion y la influencia que tuvieron en el mundo musical, este trabajo de los bonaerenses de seguro no lo incluiría, ya que para ser realistas la produccion es pobre, el sonido entre regular y malo y jamás fueron los músicos mas avezados, entonces de donde esto de que cambio mi vida? Entro entonces a contar la historia. Para el año de 1992 ya era un hard-rocker en toda la extensión de la palabra: pelo largo, ropa negra y actitud “váyanse-todos-al-infierno”, ya en mi colección de cassetes grabados se encontraban joyas como el Painkiller, 1987, Destroyer, Seasons in the Abyss etc etc, que definían mi gusto musical, pero a los 17 años el único ingles que conocía era el poco que había aprendido en el colegio y tardaba semanas, diccionario en mano, en traducir cualquier álbum, y además las traducciones no siempre eran las mejoras debido a mi falta de conocimiento del idioma, por esto mi único gran himno de batalla y declaración de principios era el mágico Kraken I (del cual me ocuparé en su momento), el cual era el único álbum que parecía escrito para mi, era como si ellos hubiesen entrado en mi mente y hubiesen plasmado en palabras que yo no podía crear, pero este reflejaba un lado un tanto mas profundo y poético, aun carecía de un disco lleno de furia, odio y mala actitud cantado en mi idioma y que así pudiese entrar en mi cabeza inmediatamente.
Como ya dije corría 1992 y en Radioactiva, los domingos en la noche se transmitía el mítico programa “La cortina de Hierro”, otro de los culpables de que aun sea rockero, este programa era un referente sobre la música nueva y sobre los clásicos y era la única forma de estar enterado de lo que sucedía en la escena metálica (recordemos que Internet aun era una idea en la cabeza de unos estudiantes gringos). En alguna afortunada emisión, el fallecido e infravalorado Bull Metal, de quien también algún día tengo que escribir, pasó una canción de un grupo hasta el momento desconocido para mi: Hermética, la canción era “Memoria de siglos” y correspondía al álbum Acido Argentino, nombres que rápidamente escribí para no olvidar, ya que la canción me gustó bastante. Al día siguiente comencé a indagar con mis colegas sobre esta banda, pero nadie la conocía, entonces opté por ir a la fuente: contacté telefónicamente al mencionado Bull Metal, quien por entonces grababa cassettes a módicos precios, y con este inicie una serie de visitas a su casa las cuales se interrumpieron cuando empecé mi frustrante vida laboral. Aun tengo la cinta, bastante desgastada como su puede imaginar, cinta que, una vez tuve acceso al mundo digital la reemplacé por el cd que hoy con orgullo poseo.
Hablar para mi del Acido Argentino es casi místico, aquella tarde de 1992 coloque el cassete TDK negro en mi grabadora y de inmediato un torrente de agresividad y ritmo trepidante entró sin aviso en mi cabeza. Mi vida ya no seria la misma, por fin había encontrado palabras para lo que no podía expresar, había alguien en otra parte del planeta con los mismos pensamientos míos, había alguien que gritaba al mundo lo que yo guardaba en mi cabeza. Cuatro greñudos como yo con la misma rabia que me alimentaba.
El disco abre fuegos con ritmo cortado de guitarra y batería al unísono que rápidamente da paso a un inclemente doble bombo para por fin dejar escuchar la rasposa voz de Claudio O’Connor, “Robó un auto” es el corte inicial una declaración de libertad de las ataduras del “urbano acostumbramiento” como reza la canción, una corte ideal para iniciar un disco. A continuación un tema de absoluto desprecio a la conquista española: “La revancha de America” otro doble bombo despiadado y una velocidad incontenible. Llega el tercer corte, el mencionado inicialmente, y que dio origen a la expectativa inicial “Memoria de siglos”, que como explicó Bull Metal en el programa de aquel entonces, es basado en I Ching, una realidad de hace siglos que sigue vigente: lo putrefacto de la condición humana, un tema lento pero pesado que nos recuerda lo que en realidad somos. Luego del respiro arremete con un inicial y breve solo de batería “Predicción” a toda velocidad, la esperanza de un Mesias metálico es el tema aquí tocado. Un medio tiempo con un sentimiento único, capaz de de erizar la piel es la canción a seguir: “Atravesando todo limite”, canción que aunque dedicada a un hermano perdido, yo siempre asocié a mi fallecido padre, por lo cual la emotividad con la que la canto al escucharla llega al borde de las lagrimas. “Horizonte Perdido” es el tema a seguir un poderoso e indiscutible instrumental con un final para hacer explotar los parlantes del aparato de audio. Entramos a la segunda mitad del disco con otro medio tiempo, pero esta vez mas agresivo, “Vientos de poder” es una declaración de principios, la afirmación de lo que somos, del camino que no pensamos abandonar de la terquedad y persistencia que significa ser un verdadero rockero. La siguiente canción fue tal vez la única con la cual no me pude identificar, aunque no por ello dejé de disfrutarla: “Del Camionero”, como muy bien lo explica el titulo es la vida de un camionero, como jamás he tenido un camión ni me ha interesado tenerlo no encontré sintonía, aunque de todas formas la letra es muy emotiva, por momentos hasta me daban ganas de cambiar de opinión y comenzar a pensar en manejar un camión, aunque rápidamente cambiaba de parecer, pues esto no es algo que me haya llamado nunca la atención. El corte siguiente marcó prematuramente mi forma del ver el trabajo, hablo, claro de “Gil trabajador”, a pesar que por entonces aun estudiaba, tenia claro que algún día llegaría la condena máxima que trae el paso de la adolescencia a la adultez: el trabajo, y la letra de esta canción no me daba muchas esperanzas, sobre todo la parte de “prisionero estoy en mi ciudad natal, donando sangre al antojo de un patrón por un mísero sueldo, con el cual no logro esquivar el trago amargo de este mal momento”, al principio guardaba la esperanza que al comenzar mi vida laboral no tendría que cantar esto, pero años después, al segundo día ya estaba cantándola a todo pulmón, diez años mas de trabajo y aun la canto, solo le podría cambiar la parte de mísero sueldo, pero igual con el actual tampoco logro esquivar el trago amargo. Entramos al décimo himno y este es tal vez mi favorito, hablo de “Evitando el ablande”, aquí descubrí una palabra que aunque no conocía su significado en el lenguaje popular argentino, rápidamente entendí: aguante, es la resistencia, la terquedad, el permanecer allí a pesar de todo y es de esto de lo que habla la canción, del orgullo de ser rockero, de ser diferente, de verse distinto, es la canción de alabanza máxima a nuestra única religión, a nuestra manera de ver la vida, el resistirse a ceder a los sucios coqueteos del facilismo. Tal vez suene muy procelitista, muy Joey Di Maio, pero esto a los 17 años te convence y vives por eso, te ayuda a sobrevivir y aun hoy de vez en cuando se necesita escuchar algo así para recordar lo que somos, de que estamos hechos, lo que nos mueve y de donde venimos, todo esto resumido en la palabra mas hermosa: Heavy Metal o Rock Duro o como lo quieran llamar. Llegamos al final del disco, o por lo menos era el final para mi hasta que compré el cd, pues por alguna razón el famoso Bull Metal no incluyo en el cassete la ultima canción que era la intrumental “De Pismanta a Bauchaceta”, para mi la ultima era “En las calles de Liniers”, referencia a un barrio de Buenos Aires, que yo fácilmente asimilo con varios sectores de la ciudad, en este corte se refleja todo el asco por lo artificial, por lo idolatra y burdo de mucha gente, hay cierta parte que mentalmente entono cuando me toca viajar en el metro: “la imberbe horda humana que desciende de los trenes desesperada y alocada contamina mi cabeza y busco amarlos como sea, para no volver jamás”, es una canción directa que incluso puede sonar chocante para personas susceptibles a no reconocer su lacra interior y lo estúpidas e insignificantes que pueden ser sus vidas.
En conclusión es este un trabajo directo, duro, sin ninguna clase de adornos ni pulimentos, es un golpe en la cara, fue el álbum que le dio voz a mi grito, que le dio palabras a mis pensamientos y de hecho lo sigue siendo.
De los tres trabajos que alcanzó a publicar la banda, es este mi favorito, no se si sea por ser el primero que escuché, pero no me transmite lo mismo el “Victimas del vaciamiento” que sin lugar a dudas tiene muchísimo mejor sonido o su primer álbum homónimo que incluso también tiene mejor sonido que el segundo, es indudable que Acido Argentino es una pieza de autentico y aplastante Heavy Metal, ideal para cualquiera que piense iniciarse en este mundo.
Al momento de hacer una lista de los mejores trabajos en la historia del rock, teniendo en cuenta para ello la calidad compositiva, interpretativa, las letras, la produccion y la influencia que tuvieron en el mundo musical, este trabajo de los bonaerenses de seguro no lo incluiría, ya que para ser realistas la produccion es pobre, el sonido entre regular y malo y jamás fueron los músicos mas avezados, entonces de donde esto de que cambio mi vida? Entro entonces a contar la historia. Para el año de 1992 ya era un hard-rocker en toda la extensión de la palabra: pelo largo, ropa negra y actitud “váyanse-todos-al-infierno”, ya en mi colección de cassetes grabados se encontraban joyas como el Painkiller, 1987, Destroyer, Seasons in the Abyss etc etc, que definían mi gusto musical, pero a los 17 años el único ingles que conocía era el poco que había aprendido en el colegio y tardaba semanas, diccionario en mano, en traducir cualquier álbum, y además las traducciones no siempre eran las mejoras debido a mi falta de conocimiento del idioma, por esto mi único gran himno de batalla y declaración de principios era el mágico Kraken I (del cual me ocuparé en su momento), el cual era el único álbum que parecía escrito para mi, era como si ellos hubiesen entrado en mi mente y hubiesen plasmado en palabras que yo no podía crear, pero este reflejaba un lado un tanto mas profundo y poético, aun carecía de un disco lleno de furia, odio y mala actitud cantado en mi idioma y que así pudiese entrar en mi cabeza inmediatamente.
Como ya dije corría 1992 y en Radioactiva, los domingos en la noche se transmitía el mítico programa “La cortina de Hierro”, otro de los culpables de que aun sea rockero, este programa era un referente sobre la música nueva y sobre los clásicos y era la única forma de estar enterado de lo que sucedía en la escena metálica (recordemos que Internet aun era una idea en la cabeza de unos estudiantes gringos). En alguna afortunada emisión, el fallecido e infravalorado Bull Metal, de quien también algún día tengo que escribir, pasó una canción de un grupo hasta el momento desconocido para mi: Hermética, la canción era “Memoria de siglos” y correspondía al álbum Acido Argentino, nombres que rápidamente escribí para no olvidar, ya que la canción me gustó bastante. Al día siguiente comencé a indagar con mis colegas sobre esta banda, pero nadie la conocía, entonces opté por ir a la fuente: contacté telefónicamente al mencionado Bull Metal, quien por entonces grababa cassettes a módicos precios, y con este inicie una serie de visitas a su casa las cuales se interrumpieron cuando empecé mi frustrante vida laboral. Aun tengo la cinta, bastante desgastada como su puede imaginar, cinta que, una vez tuve acceso al mundo digital la reemplacé por el cd que hoy con orgullo poseo.
Hablar para mi del Acido Argentino es casi místico, aquella tarde de 1992 coloque el cassete TDK negro en mi grabadora y de inmediato un torrente de agresividad y ritmo trepidante entró sin aviso en mi cabeza. Mi vida ya no seria la misma, por fin había encontrado palabras para lo que no podía expresar, había alguien en otra parte del planeta con los mismos pensamientos míos, había alguien que gritaba al mundo lo que yo guardaba en mi cabeza. Cuatro greñudos como yo con la misma rabia que me alimentaba.
El disco abre fuegos con ritmo cortado de guitarra y batería al unísono que rápidamente da paso a un inclemente doble bombo para por fin dejar escuchar la rasposa voz de Claudio O’Connor, “Robó un auto” es el corte inicial una declaración de libertad de las ataduras del “urbano acostumbramiento” como reza la canción, una corte ideal para iniciar un disco. A continuación un tema de absoluto desprecio a la conquista española: “La revancha de America” otro doble bombo despiadado y una velocidad incontenible. Llega el tercer corte, el mencionado inicialmente, y que dio origen a la expectativa inicial “Memoria de siglos”, que como explicó Bull Metal en el programa de aquel entonces, es basado en I Ching, una realidad de hace siglos que sigue vigente: lo putrefacto de la condición humana, un tema lento pero pesado que nos recuerda lo que en realidad somos. Luego del respiro arremete con un inicial y breve solo de batería “Predicción” a toda velocidad, la esperanza de un Mesias metálico es el tema aquí tocado. Un medio tiempo con un sentimiento único, capaz de de erizar la piel es la canción a seguir: “Atravesando todo limite”, canción que aunque dedicada a un hermano perdido, yo siempre asocié a mi fallecido padre, por lo cual la emotividad con la que la canto al escucharla llega al borde de las lagrimas. “Horizonte Perdido” es el tema a seguir un poderoso e indiscutible instrumental con un final para hacer explotar los parlantes del aparato de audio. Entramos a la segunda mitad del disco con otro medio tiempo, pero esta vez mas agresivo, “Vientos de poder” es una declaración de principios, la afirmación de lo que somos, del camino que no pensamos abandonar de la terquedad y persistencia que significa ser un verdadero rockero. La siguiente canción fue tal vez la única con la cual no me pude identificar, aunque no por ello dejé de disfrutarla: “Del Camionero”, como muy bien lo explica el titulo es la vida de un camionero, como jamás he tenido un camión ni me ha interesado tenerlo no encontré sintonía, aunque de todas formas la letra es muy emotiva, por momentos hasta me daban ganas de cambiar de opinión y comenzar a pensar en manejar un camión, aunque rápidamente cambiaba de parecer, pues esto no es algo que me haya llamado nunca la atención. El corte siguiente marcó prematuramente mi forma del ver el trabajo, hablo, claro de “Gil trabajador”, a pesar que por entonces aun estudiaba, tenia claro que algún día llegaría la condena máxima que trae el paso de la adolescencia a la adultez: el trabajo, y la letra de esta canción no me daba muchas esperanzas, sobre todo la parte de “prisionero estoy en mi ciudad natal, donando sangre al antojo de un patrón por un mísero sueldo, con el cual no logro esquivar el trago amargo de este mal momento”, al principio guardaba la esperanza que al comenzar mi vida laboral no tendría que cantar esto, pero años después, al segundo día ya estaba cantándola a todo pulmón, diez años mas de trabajo y aun la canto, solo le podría cambiar la parte de mísero sueldo, pero igual con el actual tampoco logro esquivar el trago amargo. Entramos al décimo himno y este es tal vez mi favorito, hablo de “Evitando el ablande”, aquí descubrí una palabra que aunque no conocía su significado en el lenguaje popular argentino, rápidamente entendí: aguante, es la resistencia, la terquedad, el permanecer allí a pesar de todo y es de esto de lo que habla la canción, del orgullo de ser rockero, de ser diferente, de verse distinto, es la canción de alabanza máxima a nuestra única religión, a nuestra manera de ver la vida, el resistirse a ceder a los sucios coqueteos del facilismo. Tal vez suene muy procelitista, muy Joey Di Maio, pero esto a los 17 años te convence y vives por eso, te ayuda a sobrevivir y aun hoy de vez en cuando se necesita escuchar algo así para recordar lo que somos, de que estamos hechos, lo que nos mueve y de donde venimos, todo esto resumido en la palabra mas hermosa: Heavy Metal o Rock Duro o como lo quieran llamar. Llegamos al final del disco, o por lo menos era el final para mi hasta que compré el cd, pues por alguna razón el famoso Bull Metal no incluyo en el cassete la ultima canción que era la intrumental “De Pismanta a Bauchaceta”, para mi la ultima era “En las calles de Liniers”, referencia a un barrio de Buenos Aires, que yo fácilmente asimilo con varios sectores de la ciudad, en este corte se refleja todo el asco por lo artificial, por lo idolatra y burdo de mucha gente, hay cierta parte que mentalmente entono cuando me toca viajar en el metro: “la imberbe horda humana que desciende de los trenes desesperada y alocada contamina mi cabeza y busco amarlos como sea, para no volver jamás”, es una canción directa que incluso puede sonar chocante para personas susceptibles a no reconocer su lacra interior y lo estúpidas e insignificantes que pueden ser sus vidas.
En conclusión es este un trabajo directo, duro, sin ninguna clase de adornos ni pulimentos, es un golpe en la cara, fue el álbum que le dio voz a mi grito, que le dio palabras a mis pensamientos y de hecho lo sigue siendo.
De los tres trabajos que alcanzó a publicar la banda, es este mi favorito, no se si sea por ser el primero que escuché, pero no me transmite lo mismo el “Victimas del vaciamiento” que sin lugar a dudas tiene muchísimo mejor sonido o su primer álbum homónimo que incluso también tiene mejor sonido que el segundo, es indudable que Acido Argentino es una pieza de autentico y aplastante Heavy Metal, ideal para cualquiera que piense iniciarse en este mundo.